martes, 12 de abril de 2011

Sonata.


Trato de mirar a través de mi ventana,
pero lo único que logro ver es el reflejo de un rostro incierto, conocido y olvidado.

Porque al otro lado de la ventana yace la oscuridad:
inconfundible, impenetrable, implacable...
y sin embargo deseo estar en ella, porque ya he vivido mucho tiempo bajo la luz.

Me compadezco de la oscuridad,
porque es enorme pero tan débil;
se necesita poco para que su ausencia esté presente
y aún así no le interesa
porque sabe que llegará el momento en el cual la incandescencia no exista más
y se declare finalmente a ella, la inexorable ganadora de una carreara que tenía la certeza de vencer;

porque ella es la salida, el camino y la llegada,
y aunque cualquiera intente correr, será aplastado por su propio límite
y en ella se fundirá...

La veo por mi ventana, en los corazones de la gente,
e incluso cuando no miro, persistente está ahí.
¿Eres tu realmente la esencia y el final de todo
o soy yo que no logro ver más allá de tu presencia?

No te entiendo... solo lamento que creamos que debemos combatirte,
cuando reflexiono y concluyo que eres lo más próximo a la única respuesta.