lunes, 27 de julio de 2009

De cuando lo que hace falta es una mirada...


He perdido el sueño. Mi biorritmo es un desastre. No tengo rutina y no encuentro que hacer. Un sentimiento de desespero me invade dia a dia, me asfixia; el problema es que no sé qué es y por lo tanto no sé cómo afrontarlo.

Me despierto y ya he perdido medio dia. Tengo fuerzas para levantarme de la cama, pero mi mente repasa y no encuentra razones para hacerlo impidiendome iniciar el éxodo de mi aposento. Cierro los ojos, me concentro y pienso...pienso...pienso...¡pero en eso ya pensé ayer! ¿Acaso he encontrado los límites de mi consciencia? Es frustrante y abrumador; sé que lo es, pero ¡no sé qué es!

Un sutil movimiento llama la atención de todos mis sentidos. Abruptamente, la extraña sensación de no estar solo en mi habitación se convierte en un rompecabezas que mi mente empieza a decifrar. Giro mi cabeza para desmentir mi memoria, pero al parecer está mas lúcida que el resto de mi ser. Me da la espalda y no logro decifrar quien es. Esbelta, cabellos oscuros, lisos y en cortes cortos asimetricos. Pienso que tendrá los ojos verdes. En este punto me pregunto, ¿en realidad importa quién es?

Mi nevera está mas vacía que mi motivación...lo siento por ella si se despertara con hambre...no hay forma de improvisar. Evaluo la posibilidad de simplemente quedarme allí esperando que se despierte y simplemente se vaya...la curiosidad por saber su identidad no es algo trascendental para mi en este momento...tengo problemas más grandes...solo que no sé cuáles son. Finalmente decido escabullirme silenciosamente. Le dejo una nota y 5 Euros para que coma algo...no soy de piedra, solo que no me interesa en este momento.

Salgo de mi edificio y llego a la calle, es un dia caluroso, pero mayormente nublado. Miro a mi izquierda y a mi derecha. Nadie conocido, nadie con saludos, nadie con preguntas y nadie con respuestas. Miro al suelo y recuerdo que me encuentro en un mundo de extraños. Fué mi decisión. Era lo que quería hace un par de años. Ahora, no sé lo que quiero y tampoco lo que no quiero.

Empiezo a caminar, simplemente a caminar, sin un rumbo fijo, en cada esquina decido que curso seguir. Veo una parada de autobús pero no sé que rutas transitan por ella. No me interesa, pero tomaré uno, el segundo que pase. Mi autobús de hoy resulto ser el número 56. Subo a él; miro a mi izquierda y a mi derecha. Nadie conocido, nadie con saludos, nadie con preguntas y nadie con respuestas de nuevo, solo el conductor, un infante, un hombre de color, otro árabe o persa, tal vez, 5 señoras ensimismadas en sus pensamientos y 5 muchachas jovenes de las cuales 2 hablan entre ellas sosteniendo maletas de turista, una habla por celular, una mira por la ventana y la última me mira directamente a los ojos.

Ojos verdes, profundos, impactantes, los que llamaría unos hermosos ojos. Por un momento recuerdo cuando era lo que más apreciaba...las miradas hermosas de las mujeres...las detallaba, las seguía, las leía, me embelesaban, me perdía en ellas...de ser un tiempo atrás esta historia tomaría un rumbo diferente y tal vez mucho más interesante. Pero hoy no va a suceder eso. Mi mente se sonrie, pero mis labios no se inmutan, mis ojos la ignoran y se pierden en el horizonte. Esto está mal. En realidad debo saber qué es lo que me pasa si quiero volver a iluminar mis dias con los ojos de las mujeres.

Bajo del autobús en alguna parada y empiezo a caminar. Estoy en otro lugar, pero siento que nada ha cambiado. Camino hasta un gran parque, en el que mucha gente se ha reunido el dia de hoy. Miro a mi izquierda y a mi derecha. Nadie conocido, nadie con saludos, nadie con preguntas y nadie con respuestas una vez más. Camino entre el césped y los árboles...tal vez en ellos encuentre la respuesta...y la pregunta. Camino a lo largo de la orilla de un rio, posiblemente en sus corriente encuentre la fuente de mi alivio...y de mi enfermedad.

Mi peregrinaje no encuentra éxito en ningún lugar y mi humanidad exige atención así que me acerco al restaurante mas cercano. Es un buen restaurante, no es la primera vez que estoy allí, pero si es la vez en la que más lleno lo he visto. Entro y la puerta se cierra a mis espaldas. Miro a mi izquierda y a mi derecha. Nadie conocido, nadie con saludos, nadie con preguntas y nadie con respuestas; al menos esto ya parece una rutina. Familias, parejas, grupos de amigos o al menos de colegas o compañeros se han dado cita aquí para compartir un rato de sus vidas, o para mostrarme cuan solo estoy. Tomo una mesa para dos, ya que mi maleta también necesita descansar. Realizo mi pedido y rápidamente aparece ante mis ojos, mi cena. La comida se ve deliciosa, pero ya no sabe igual. Ha perdido su sabor, su rutina. ¿Estará tan desesperada como yo por saber qué es lo que le pasa? Termino de comer, me levanto, pago y abandono el recinto, dirigiendome a la parada de autobuses más cercana.

Sigo caminando, no me molesta hacerlo, de hecho, lo disfruto, porque es el momento en el que puedo concentrarme más...un tiempo atrás habría dicho que lo disfruto porque es el momento en el que puedo pensar y estar conmigo mismo ya que casi a nadie le gusta caminar...hoy es diferente...hoy lo hago, porque es lo único que se me ocurre hacer.

¡Un momento! ¡Debe ser eso! ¡Ahora es tan obvio! Mi problema es que estoy solo, me siento solo, porque no he dejado que nadie atraviese la barrera que puse entre los otros y yo. La solución es sencilla. Rompe tus predisposiciones y socializa. Siento una pequeña sonrisa que se dibuja en mi boca y llena de tranquilidad todo mi ser. He llegado a la parada de autobús. El próximo bus que me llevará a casa tardará un poco, así que tomo asiento y tranquilamente me pongo a esperar.

Poco después, la soledad en la parada se evapora con la presencia de una joven. Es delgada y tiene los cabellos rubios, algo ondulados y largos. No logro distinguir su rostro, pero me pareció familiar. Me levanto y me acerco a ella. Cuando se gira, mi lúcida memoria me confirma, que la conozco. Se llama Nadya, es búlgara, nos vimos por última vez hace seis meses, creo que es muy agradable y simpatica y tiene ojos verdes. Empezamos a hablar, me cuenta que ha hecho últimamente y yo le relato lo poco que he hecho. Entre palabras, el tiempo pasa, lo suficiente para que con miradas aceptemos que nos gustabamos y que aun es así, con palabras concordemos que hacer, con acciones firmemos nuestro pacto y para que llegue el autobús que nos llevará a mi hogar.

Subimos al autobús. Miro a mi izquierda y a mi derecha. Nadie conocido, nadie con saludos, nadie con preguntas y nadie con respuestas. Esta vez también miro al frente y alli está ella con sus hermosos ojos verdes que me hipnotizan y con sus carnosos labios que me invitan a besarlos. Llegamos a mi apartamento y mi memoria me pone en alerta...solo recuerda una persona saliendo del apartamento esta mañana. Me adelanto serenamente, abro la puerta con algo de temor, aunque no sé porque...no hay compromisos, no le debo lealtad a nadie...sobre la mesa veo una nota que dice: "Linda velada, me gustaría que se repitiera ¿y a ti? Llámame. Kisses. Jana. PS: eres un gran cocinero :P". La tomo y la guardo en mi bolsillo. Ella entra, cierra la puerta fuertemente y empieza a jugar conmigo. Es provocadora, tentadora, será una gran noche, además se qué me pasa, se cómo remediarlo y lo más importante: no me siento solo.

Me despierto, pienso y algo me asusta, me siento igual que ayer. Pensé que lo tenía solucionado, pero al parecer no es el problema verdadero; si eso es cierto, entonces, ¿qué es?. Tengo fuerzas para levantarme de la cama, pero mi mente repasa y no encuentra razones para hacerlo impidiendome iniciar el exodo de mi aposento. Cierro los ojos, me concentro y pienso...pienso...pienso...¡pero en eso ya pensé ayer! ¿Acaso he encontrado los límites de mi consciencia y de mis palabras? Es frustrante y abrumador; sé que lo es, pero ¡aún no sé qué es!

Un sutil sonido llama la atención de todos mis sentidos. Abruptamente, la extraña sensación de no estar solo en mi habitación se convierte en un rompecabezas que mi mente empieza a decifrar. Giro mi cabeza para desmentir mi memoria, pero al parecer está mas lúcida que el resto de mi ser. Me da la espalda y no logro decifrar quien es. Esbelta, cabellos rubios, algo ondulados y en cortes largos con capas. Aprendes algo viendo a las mujeres por la espalda. Pienso que tendrá los ojos verdes. En este punto me pregunto, ¿en realidad importa quién es?

Mi nevera está mas vacía que mi motivación y mi cajón de respuestas y preguntas...estoy cansado de esto...no entiendo qué es lo que sucede, qué es lo que me frena, lo que me asusta...tal vez estoy llegando al final de lo que mi vida lógica me puede ofrecer, estoy pasando por una crisis de la temprana edad, o es el sentimiento de que el tiempo se esta yendo velozmente y saber que no tengo control sobre eso o quizas perdi el control de mi vida y de su sentido...puede ser una o muchas cosas o ninguna...en realidad no lo sé...es probable que no sea nada en realidad y lo único que deba hacer, es llenar de nuevo mi nevera.