viernes, 10 de abril de 2009

De la estación de la tristeza...


Para Татяна, Jolie, Sylvie, Jana, Carlos y Biagino.

Hoy es una de aquellas pocas madrugadas es las que siento que pierdo un poco de mi ser. Son las 3:00 am, estoy despierto y no pretendo dormir. Busco cualquier actividad que me mantenga despierto, esperando un momento que sé no puedo evitar, como aquel que condenado a muerte, espera con ansia, impaciencia y resignación, que el sol se muestre en el horizonte, indicando el ocaso de la esperanza.

Divago, pienso, recuerdo.

La parte que pierdo de mi ser, tampoco duerme. Está en algún punto de la habitación en la que yo me encuentro. También está ocupada, pero no de la misma forma que lo hago. Ella se prepara para ser perdida; se mueve de un lado al otro, repasando cada uno de los rincones del lugar, buscando por cada trazo de su más reciente historia. La siento tan ocupada, que en realidad no sé si se da cuenta de la magnitud del hecho que está por acontecer.

Son las 4:00 am, el tiempo sigue su inmutable trayectoria. Sentimientos de tristeza empiezan a llenar mi cuerpo. Es simplemente una reacción a una situación conocida. No es la primera vez que este momento se presenta en mi vida y tengo la certeza que no será la última; lamentablemente, conozco el guion y el camino a seguir de esta obra. Sé con certeza cuál será el próximo movimiento; sé cuál será el último.

4:45 am. La hora se acerca, pero la ejecución no se llevará a cabo aquí. Los reos serán escortados por las sombras de la noche a lo largo del camino de las verdes hojas, hasta llegar al destino inevitable. Una última mirada al pasado, esperando no olvidar algo ya que no habrá tiempo para arrepentirse. Con el primer paso se cierra una puerta; ya no hay vuelta atrás. El frío trata de atraparme, pero es lo que menos me interesa en este momento. Comienzo a recorrer un camino ya conocido, arrastrando conmigo el peso de la impotencia. Mis pasos, que antes sonaban al unísono, empiezan a perder su armonía. Mi ser se está rasgando.

Hemos llegado. Aunque parece un lugar común para cualquier otra persona, es un lugar al que miro con desdén, con melancolía, porque siempre se ha quedado con una parte de mi y hasta el dia de hoy ninguna de aquellas partes que me ha arrebatado, ha regresado. Son las 4:55 am en "La estación de la tristeza": así es como la identifica mi mente. La estación de la cual a tantos he visto partir, pero a la cual ninguno, jamás, he visto llegar.

Hoy el turno es para un muy querido amigo, un hermano. En el pasado, también ha sido el turno para compañeros de aventuras, colegas de vida y amores fugaces. Cada uno representa un vacío en mí. Los últimos 5 minutos son la única parte de la historia que cambia cada vez que este deja-vu se manifiesta. Llamada a abordar. Quedan 5 minutos; 5 minutos en los que se intercambian palabras, risas, consejos, agradecimientos y planes con los amigos; miradas caricias, besos, abrazos y promesas con las que fueron mis fieles amantes y compañeras. Y entonces, la última llamada.

Son las 5:00 am. Mi ser está una vez más dividido en dos; la distancia empieza a crecer con el último adios, un adiós insonoro debido a la barrera de vidrio que se haya en la mitad. Una última mirada o un último ademán empieza a perderse en la distancia y en el tiempo. Empiezo mi regreso a casa cansado, algo triste, muy pensativo, tratando de adivinar cuándo será la próxima vez que vendré a este lugar...y sobre todo, cuándo será mi turno...aquel entonces en el que no sea yo quien se quede a escribir profundos, complejos y banales lineas y pensamientos, sino el que se va a seguir su camino, su vida, para ser fiel a la historia y nunca más volver al lugar del que partí.

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